Allá van los soldados desconocidos que el destino ha designado como carne de cañón, a defender lugares ajenos y lejanos a su tierra natal pero con objetivos comunes: cuidar la soberanía nacional y de paso, sobrevivir.
Frugalidad de la vida el tener que arriesgar el propio pellejo para asegurar el que será el futuro de los que mas aman. ¿Es acaso esta historia una mas de tantas que contar? Por supuesto que no, y es que la vida es un escollo para unos, y una fortuna para otros.
Si la patria representa tanto para todos: ¿Cuantos de nosotros estamos dispuestos a dar la vida por ella? La respuesta es: Muy pocos. Entonces concluimos: Patria es “amar lo nuestro” mas no “amar lo ajeno”. Sin embargo algunos son obligados a “amar lo ajeno”, enviados a esos lugares donde la muerte asecha en cada esquina, donde las balas y bombas destruyen a diestra y siniestra sin discernir pecadores o virtuosos, entonces: ¿De que son culpables estos hijos de Dios? La respuesta es simple: Del sistema. Ese conjunto de normas y reglas que el hombre ha inventado para el hombre pero que arremeten en contra de él, la ley del más fuerte o acaso del que más tiene. Las víctimas son por supuesto los que menos tienen y que en nombre de otros mueren.
Cientos de hombres son enviados a defender tierras que ni en sus sueños podrán disfrutar, en nombre de la soberanía nacional que sus superiores tanto profesan y ¿a cambio de que? Migajas y promesas sin sentido, bagatelas y desperdicios que no sirven de nada en esta vida de perros y gatos en que vivimos. Pertenecemos a la raza humana pero somos tan conflictivos que de animales irracionales tenemos mucho, y es que a veces hay mucho que aprender de los animales incapaces de cometer las barbaridades que solo nosotros cometemos. Si Dios estuviera un poco más sintonizado con nosotros nos hubiera ya fulminado, como lo hizo con Sodoma y Gomorra en épocas en que la violencia era la misma, pero sin armas de destrucción masiva ni la tecnología que ahora el hombre utiliza para autodestruirse.
¿De que sirve tanta inteligencia?, ¿para que tantos descubrimientos?, si a la par somos la causa del peor de los males que ha tenido el hombre, por el que cederá su trono y omnipotencia, su fuerza y sabiduría, todas cubiertas casi imperceptiblemente por el manto de la estupidez, más el deseo exagerado de conseguir lo ilimitado sin importar los medios. El peor mal del hombre es pues el hombre mismo, traicionado por su propia naturaleza, cruel debilidad que los Dioses nos han impuesto a cambio de tanta belleza (El mundo que nos rodea).
Esa ambición que tanto mal nos hace, es y será nuestra peor perdición, esa maldición que esta escrita en los libros de la historia universal cuyos argumentos expresan la total decadencia de la sociedad abrumada de tanta hipocresía y devastada por la inmoralidad, son todos estos anti valores hijos predilectos del hombre y su complejidad.
Ahora bien, tenemos también cosas buenas que contar, por supuesto que sí. Y es que el hombre también ama de verdad, con una pasión que sobrepasa las fronteras de la lógica y la razón, un amor que es capaz de curar lo incurable, de vencer el odio con el perdón, de acabar con las guerras y a veces causarlas, pero al fin, somos una combinación imperfecta pero perfectible, digna de mejorar en todo sentido, y si tenemos alguna virtud, esa es la perseverancia. Voluntad a prueba de balas que nos lleva a hacer las cosas más increíbles e inimaginables, nunca antes vistas. Somos pues pioneros hasta el hartazgo y maestros en superación, líderes en la perfección e incansables buscadores de la verdad, que aunque nos duela, nos hace más fuertes, más humanos, al fin más hombres.
El hombre es la causa de sus consecuencias, el motivo de sus hechos y la razón de sus circunstancias, el cielo y la tierra se rinden ante sus deseos y conquistas los cuales sobrepasan sus límites hasta llegar a lugares que ni la imaginación puede. Es por eso que el futuro depende de él tanto como el pasado es la causa de él, somos pues los buscadores de lo que los filósofos dirían: “La gran verdad”, ese algo que tanto deseamos y que a veces tanto mal nos hace.
Pero al fin y al cavo que sería de la vida si todo fuera como lo planeamos: aburrida, insípida, sin color ni textura. No valdría la pena vivirla porque nos quedaríamos dormidos durante la escena, y como en ella no hay cortes comerciales estaríamos condenados a una eterna modorra, y eso, no es vida.
El hombre es simplemente complejo, no sabe lo que quiere pero igual lo quiere, no sabe lo que busca pero es capaz de levantar hasta la última piedra para encontrar ese no se que, lo buscará no se donde, y seguirá así hasta no se cuando.
Sigamos pues buscando lo que como hombres deseamos, sin dejar de lado el amor al prójimo, porque cuanto más amamos, más somos amados, y es eso, creo yo, en esencia, lo que nos convierte en seres humanos, lo que nos da esperanza para el futuro y sobre todo nos hace dignos de vivir la vida.

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