domingo, 27 de noviembre de 2011

DECISIONES

En el mundo terrenal, todos tenemos que tomar decisiones. Algunas de ellas pueden ser postergadas, por el factor tiempo, o simplemente porque no queremos enfrentar las consecuencias que acarrean, y que nos hacen responsables de nuestra propia vida. El campo del amor no es la excepción. Cuando empezamos una relación, todo es color de rosa: Sus gestos, palabras y manías nos parecen salidos de una película romántica, donde ambos son los protagonistas, y la historia de amor es fiel copia de una novela de Shakespiere.
Ambos pasean por las calles, tomados de la mano y embelesados por el éxtasis enloquecedor que produce el enamoramiento: ese no se que y no se como, que nos hace flotar, nos lleva hasta el limbo, nos pinta de colores el cielo y convierte en margaritas las piedras. Todos lo hemos vivido, y hemos sentido en grande sus efectos físicos y emocionales. Las decisiones, producto de ello, son muchas veces postergadas, o incluso anticipadas, dependiendo de las circunstancias que rodean la relación.
¿A que decisiones me refiero? Aquellas que son consecuencia del normal devenir de la relación. Mientras continue el adormecedor efecto del enamoramiento, todo nos parece hermoso, romántico, y hasta impactante; pero, cuando ambos, o uno de ellos empiese a mostrarse tal y como es, sin máscaras ni hipocresías, los problemas se avecinan.

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